El Camino Kyokushin - Capítulo 1

 LAS ASPIRACIONES

Cuando era niño, se nos enseñaba a vivir siempre de tal manera que jamás deberíamos tener vergüenza delante de la familia, de los profesores o de los amigos. Nosotros aprendíamos de corazón el poema Chino que dice: “Si un Hombre deja su casa con unas aspiraciones, él no debe volver jamás - sin haberlas cumplido - incluso después de la muerte. “ Hay lomas verdes por todas partes sobre tumbas a lo largo del camino de la vida humana “.

No se enseña este tipo de cosas a los jóvenes de hoy en día, y me pregunto qué hacen ellos sin una dirección así. La educación moderna - que inclina demasiado en la dirección del igualitarismo y no inculpa bastante al Espíritu -, ¿puede ella ayudar a los jóvenes a fijarse un objetivo y decidir lo que ellos quieren ser?

Por supuesto, en una sociedad que se aprovecha de las bendiciones de la Paz, una educación así puede ser adecuada; un hombre joven puede continuar sin nada de otro. Él puede encontrar trabajo, casarse y formar una familia. Pero, ¿esto es verdaderamente suficiente? Una vida humana sin ideales, ¿es satisfactoria? En mi opinión, una vida así, carece virtualmente de valor. La forma fácil - es decir, tener siempre lo que se desea - es el camino hacia el derrumbamiento. La vida humana gana esplendor y fuerza solamente cuando ella está pulida como una piedra y templada como el acero.

El ser humano va hacia el estado adulto utilizando su fuerza innata de vida. En ciertas épocas - normalmente durante la adolescencia o la pubertad -, a pesar del miedo y de la falta de experiencia, el individualismo toma conciencia de su propia personalidad distinta. Él se da cuenta de que tiene ideales propios y es capaz de elegir a una persona que simbolice estos ideales. Él se vuelve prácticamente poseído por esta persona y se esfuerza en imitarla. La conciencia de lucha con un objetivo preciso, la devoción total hacia el objetivo y las esperanzas personales, es lo que yo entiendo por aspiraciones. Ellas deben nacer en el Espíritu, no obstante, para que así, por estas palabras, se pueda expresar algo de acabado y psicológico; en este sentido, las aspiraciones son totalmente diferentes del tipo de adoración de las que se satisfacen algunos adolescentes.

Yo quisiera decir unas palabras sobre el sentido de pertenencia y de la vergüenza que es muy importante durante la adolescencia. Para hacer esto, debo contar una experiencia que tuve cuando era joven. Desde la edad de nueve años, yo estudié las dieciocho técnicas (Shaku Riki) con un cierto señor Yi. En nuestra clase, yo era tan fuerte con relación a los otros alumnos que incluso muchachos cinco o seis años mayores que yo, me tenían miedo. Pero aproximadamente dos años después, el señor Yi, se quitó la granja de mi hermana, donde él trabajaba; y por decepción y en reacción a su partida, yo comencé a luchar con los otros muchachos, y me volví arrogante así como un poco pícaro por mi propio bien.     

Un día, cuando yo tenía once o doce años, jugaba a la guerra con algunos de los niños del vecindario. Yo arrojé una piedra y golpeó la pierna de una niña que pasaba por allí. Ésta era la niña más bonita de la ciudad; y, cuando ella me regaño - “Tú no deberías tirar piedras; tú puedes herir a alguien“- mi Espíritu malicioso se despertó. Yo era demasiado joven para sentir un deseo psíquico por la niña, pero ella era tan bonita que mis propios hermanos y los otros muchachos tenían la costumbre de mirarla y hablar de ella cuando estaba lejos. Mientras que ella se iba, yo seguía imitando su forma de andar, de manera divertida. Luego, de repente, yo la rodee con mis brazos por detrás y la levanté. Ella gritó y todos mis amigos aplaudieron. A pesar de los aplausos, yo, todavía un niño, me enrojecí y salí corriendo como un conejo asustado.

Mas tarde, debí soportar un castigo mucho peor de lo que yo había previsto. Mi padre se enteró del incidente por parte de la madre de la niña. Esa tarde, después de cenar, él golpeó fuertemente mi cabeza con su larga pipa de cobre. Él ató mis brazos por detrás, me golpeó con severidad y me encerró en un cobertizo. Yo aprendí todo de golpe, aunque no sabía nada sobre la sexualidad, que tenía una relación entre la gravedad de mi delito y la severidad de mi castigo. Mi padre me grito: “A tu edad, ¿qué haces tú jugando con las niñas de esa manera? Una marmota como tú, no llegará a nada bueno”.

Mientras que yo estaba encerrado en el cobertizo, las palabras de mi padre, resonaban en mis oídos. Aunque yo no grité cuando él me golpeó, ahora, solo en la noche, yo derramaba lágrimas amargas. Yo decidí entonces que me volvería una persona tan formidable que mi padre no tendría jamás motivos para sentir lástima por mí. Lo que me había hecho más daño no eran los golpes con la pipa o ninguno de los otros castigos psíquicos, sino la desgracia que mi padre había arrojado sobre mi cabeza. Cuando decidí volverme el tipo de persona que jamás volviera a sentir vergüenza, mis lágrimas se secaron. Pero yo comencé a llorar de nuevo cuando mi madre vino a sacarme. Ella me dijo que era demasiado grande para jugar a juegos poco inteligentes y que yo aportaría todavía más vergüenza sobre mí si no me comportaba mejor que en el pasado. Sus amables palabras causaron una profunda impresión sobre mí. Y, aunque no me volví un gran sabio después, comencé a tomar interés por la lectura. Más tarde, después de comprometerme con el Karate, los libros se volvieron una ayuda inmensa y una gran fuente de auxilio para mí. Leer un buen libro implanta buenas ideas en el Espíritu, desarrolla buenas aspiraciones y conduce a cultivar los buenos amigos. Naturalmente, los libros no son todo en la vida;  pero ellos tienen mucho que ofrecer, especialmente a las personas como yo, que son muy activas.

Yo recuerdo que uno de los libros que causó una gran impresión en mi juventud - y una impresión igualmente grande sobre otros muchos admiradores de este autor - fue una biografía del canciller Prusiano del Imperio Alemán, Otoo Von Bismarck         ( 1815 – 1898 ) por el biógrafo Japonés Yusuke Tsurumi. Yo me acuerdo que este libro y otro sobre Benjamin Disraeli, el famoso primer ministro ingles, me afectaron tan profundamente que yo a veces lloré en secreto y pensé más tarde en la noche en estos dos Hombres. Así, el bien conocido, Bismarck, nacido en las clases privilegiadas de los Junkers Militaristas, latifundistas, pasó a ser consejero y amigo del Kaiser Guillermo I y, con la energía de una locomotora, unificó Alemania en el corto espacio de dos o tres años, para hacer una Nación  lo bastante poderosa como para controlar casi toda Europa. En mi infancia, la opinión de Bismarck de que los problemas de Alemania deberían ser arreglados por la sangre y el acero, sonaban muy fuertes.

Yo decidí que quería ser un Bismarck de Oriente. Naturalmente, yo decidiría ser también un Karateka poderoso; pero mi determinación de consagrarme enteramente al Karate, fue una cosa más bien tardía. De forma incidente, Bismarck, quedo como figura atractiva para mí. Ser como él era mi aspiración de juventud.

Yo debo clarificar la naturaleza de mi aspiración. Yo no pienso que unas aspiraciones elevadas, estén necesariamente ligadas a la fama o a la ambición. La fama  de Bismarck y su cumplimiento son innegables. Pero las cosas que me estimularon y pusieron el fuego en mi Espíritu, fueron su fe inquebrantable y su actividad increíble. La diferencia de nivel en los objetivos, distinguen la aspiración de la simple ambición. Luchar por la riqueza y la fama, es ambición; Las aspiraciones están a un nivel Espiritual más elevado, más humano. En las Analectas de Confucio, él dice que los Hombres civilizados aspiran a unas virtudes ideales, perfectas, no hacen nada contra estas virtudes, pero aceptan y dan su vida por éstas y por lo que está en juego.

Como yo suelo decir, las aspiraciones deben ser puras y sin egoísmo. Esto no tiene nada que ver con el deseo animal por la riqueza, el placer y la popularidad. Todas las personas, naturalmente, tienen tales deseos. Pero el verdadero Hombre civilizado, es un Hombre que sobre la base de un deseo fuerte que brota desde la profundidad de su alma, lucha por una integridad perfecta. Las aspiraciones de una persona así, luchan contra los deseos superficiales e intentan controlar las pasiones. Pasando revista a mi vida, veo que algunas veces yo he dejado penetrar deseos superficiales. Pero no abandoné jamás totalmente mis aspiraciones. En realidad, es porque yo las guardé y fui capaz de sentir vergüenza de mi propia imprudencia, de mis caídas y de mi negligencia. Ascendiendo de las profundidades del alma, las aspiraciones son solicitudes Espirituales que penetran toda la vida humana volviéndose así una persona capaz de morir por ellas.

Queriendo siempre ser el Bismarck de Oriente, yo deje mi casa a la edad de trece años y me fui a Tokio. Justo en el momento en que yo entré en la escuela de aviación, El Japón estaba al borde de la segunda guerra Mundial. Yo decidí enrolarme en las fuerzas aéreas. Esto estaba de acuerdo con mi deseo de ser como Bismarck, ya que él había sido un ardiente patriota.

Durante mi servicio, continué mi entrenamiento en el Karate. Yo había alcanzado el grado de ShoDan a la edad de quince años y el segundo Dan a los dieciocho. Por esto, yo me fui  voluntario para los comandos. Esto quiere decir que yo me apresuraría realmente a entrar en el reino de la muerte. De repente, vino la declaración de Postdan y después el anuncio en la radio imperial de la rendición. Yo lloré. El País por el cual había querido dar mi vida había sido vencido antes que pudiera hacer algo.

Yo no me arrepiento de la manera como pasé mi juventud. Contento de haber tenido alguna cosa que amar con todo mi ser, tuve pena de la gente joven que no tenía nada que arriesgar. Hoy muchas personas no saben qué hacer con su preciosa juventud, se dejan llevar simplemente por la satisfacción de sus vulgares deseos. Una persona sin aspiraciones es como un barco sin timón o un caballo sin brida. Hay muchas personas como éstas en nuestra Sociedad.

En la confusión y las pruebas de esos primeros años después de la guerra, yo también estaba desorientado psicológicamente. Pero me estaba rondando por la cabeza ser un experto en las Artes Marciales, como el gran Miyamoto Musashi (1584?– 1645). Cuando yo puse en buena forma mi Espíritu y mi cuerpo,  encontré que mis aspiraciones estaban tan vivas como siempre. Una vez, sentado sobre la raíz de un pino, en una colina, que sobresalía por la extensión brillante del Océano Pacifico, yo estuve de acuerdo con Confucio: “El que tiene un cuerpo puro, es como el Dios de la energía “.

Las aspiraciones dan un orden lógico a la vida y las personas que comparten aspiraciones elevadas, comparten también una amistad verdadera. La mayor parte de mis amigos tienen un rasgo común: Ellos tienen personalidades magnánimas, a gran escala. Ellos se sienten infelices en la mezquina Sociedad Japonesa moderna. Ellos se extravían porque quieren extender sus alas; a ellos no les gusta aburrirse con cosas insignificantes. Todos sus objetivos son grandes. Como el dragón Chino, ellos son difíciles de retener. Ellos están emparentados por  unos elementos Espirituales y unas aspiraciones elevadas. Y yo creo que ellos ilustran la verdad según la cual, cuanto más grandes y elevadas son las aspiraciones de un ser humano, éstas son más grandes y elevadas en sí mismas.

La suerte sonreirá  a las personas que tienen aspiraciones desde el Espíritu. Una persona así, seguro debe tener buenos amigos. Sin jamás extraviarse ella misma, se dará cuenta de que sus aspiraciones le dan coraje, que desarrolla la sabiduría y la buena salud. Todos estos trazos le ponen en la posición tras la cual ella podrá dirigir a otras personas y les impedirá extraviarse.

Una persona sin aspiraciones no puede hacerse amigo de una persona que las tiene. En numerosas partes de Mundo, hoy, falta de aspiraciones significa falta de amigos, soledad e inseguridad. Una situación así, puede llevar solamente al desastre.

En un libro sobre Hojo Soun (1420 – 1519), una figura militar importante de la historia Japonesa, se encuentra un comentario sobre el hecho de que los amigos que conducen a alguien a la degeneración, no son verdaderos amigos y que los verdaderos amigos deben ser buscados entre los eruditos.