El Camino Kyokushin - Capítulo 2

LA ASIDUIDAD ( LA CONSTANCIA )

Si alguien me pregunta a qué debe un ser humano consagrar la mayor parte de su tiempo, yo responderé: “Al entrenamiento.

Pasad mas tiempo entrenando que durmiendo. Cualquier cosa que persigáis, no lo lamentareis si hacéis de esto una ley inflexible. En la Sociedad humana - las únicas criaturas terrestres que son conscientes de lo que estar vivo significa - el valor más elevado está en las capacidades adquiridas. Los seres humanos son capaces de una degradación prácticamente ilimitada; ellos son capaces también de una superación y de un cumplimiento prácticamente ilimitados. El éxito depende de los objetivos y de la asiduidad con que se persiguen. Una persona que tiene objetivos elevados pero que es perezosa, éstos, probablemente sólo tienen relación con la ostentación. Sus intenciones son simples demostraciones y pueden ser ensombrecidas por el deseo de gloria o de riqueza. Un objetivo verdaderamente significativo conduce a un estado en el cual la necesidad personal no tiene vergüenza de nada. Una persona así no perderá jamás un momento de su tiempo. Naturalmente, la naturaleza de los objetivos son igualmente importantes. Si una persona se ha fijado unos objetivos  y, sin embargo, es descuidada e indecisa, estos objetivos no son tan espiritualmente significativos como él había pensado; y él no dominará un método de entrenamiento que pudiera ayudarle a conseguirlos.

Yo tengo una personalidad muy fuerte, tal vez ésta sea la razón por la cual a la edad de 13 ó 14 años yo me entrenaba más duramente que los demás en los Dojos de Kárate que frecuentaba. Esto explica también por qué conseguí el ShoDan a los 15 años y el segundo Dan a los 18.Yo era pequeño  cuando era niño, pero mi talla aumentó mientras que continué mi entrenamiento en el Kárate. Yo llegué finalmente a una talla de 1.75 m. - esto era considerado muy alto en mi época -. Pero los jóvenes de hoy en día crecen más y más deprisa. Entre los alumnos de nuestro Dojo, yo soy solamente de estatura mediana. Pienso que me hubiera quedado pequeño, si no hubiera estudiado Kárate. En esto, como en muchos otros aspectos de la vida, yo he estado inspirado por el deseo de llegar a ser también fuerte y valeroso como el famoso maestro en la espada Miyamoto Musashi. A pesar de esta ambición, sin embargo, yo no  tomé hasta los 20 años la decisión de consagrarme totalmente al Kárate.

Cuando dejé mi casa para ir a la escuela de Tokio, tuve que trabajar para ganar dinero y pagar mis gastos. Dado que perseguía un entrenamiento riguroso en el Kárate, yo no podía subsistir sin suficientes alimentos nutritivos y decidí trabajar en el comedor de estudiantes, donde sabía que iba a tener suficiente para comer.

Yo he estado siempre apasionado por la limpieza y he detectado igualmente la más pequeña parte de suciedad. Yo no estoy a gusto hasta que todo alrededor mío está en orden y no me gusta tampoco lo vago e insignificante en mis relaciones con otras personas.

Yo trabajé muy duro, entre los quince y los dieciocho años. Creo que, los directores de pequeñas y medianas empresas de hoy día, serían honrados, si pagaran un salario doble a aquellos trabajadores que trabajen como yo lo hice. Desde las cinco de la mañana hasta las ocho de la tarde, mi vida estaba llena por los cursos, el entrenamiento en el Kárate y el trabajo en el comedor donde intentaba hacer el trabajo de dos o tres personas, porque estaba agradecido por la gentileza del Hombre que me había contratado. Hombre pesado, de más de cincuenta años en aquella época, mi jefe tenía la costumbre de decir que él no había visto jamás ningún trabajador tan duro como yo; “¡Tú vas a llegar lejos, Oyama “.

Cuando comencé a trabajar allí, el comedor estaba destrozado. Pero, rápidamente, lo dejé como nuevo, limpiando y abrillantando todo: Mesas, sillas, escalones, techos, cada curva y grieta, incluso, los bordes de los cristales. Yo limpié los lugares donde mi jefe, su familia y otros empleados vivían, incluidos los baños. Una vez, estuve demasiado diligente en la cocina. Nuevo en la restauración, fregué todos los tarros y las cacerolas con  polvos de fregar. No conociendo que a los cocineros les gustaba que sus sartenes de freír estén cubiertas de una capa de aceite negro, limpié estos utensilios también hasta que ellos brillaron como la plata. El jefe de cocina estuvo tan descontento viendo esto que el me hubiera dado un buen golpe en la cabeza con una cacerola. Después, nosotros nos reconciliamos. Yo ayudaba a menudo a preparar las comidas, y finalmente, mi jefe me pidió si yo quería hacerme cargo del negocio.

Yo no quería hacerlo, pero continuaba creyendo que, un trabajo enérgico, incluso psíquicamente inhumano, me pondría seguramente en buena forma. Yo trataría de trabajar diez veces más que lo que lo hice en el comedor para llegar a ser el Bismarck de Oriente.

Cuando decidí consagrarme enteramente al Kárate después de la guerra, seguí entrenando con  la misma asiduidad intensiva. Me estuve entrenando doce horas por día - desde las seis de la mañana hasta las siete de la tarde -,  paraba una sola vez para comer. Directa e indirectamente, he preparado decenas de miles, cientos de miles de Karatekas, sin recordar uno solo que haya entrenado tan duramente como yo lo hice entonces. Las personas que dicen que trabajan duramente se entrenan probablemente dos o tres veces menos.

Pero en este punto, debo tal vez explicar la serie de acontecimientos que me han conducido a llegar a ser un Karateka en la vida. En el mes inmediatamente seguido al fin de la guerra, la falta de comida y otras mercaderías en Japón era tan grave, como los jóvenes de hoy probablemente jamás podrán imaginar. Todo parecía ir al revés; y una de las mejores maneras de tener suficiente dinero, comida y mujeres, era llegar a ser miembro de una banda. Profundamente decepcionado por la derrota de la Nación por la cual había jurado dar mi vida, yo estaba en un estado desesperado. Pero era cuarto Dan en Kárate. Y los Hombres con mi talento y mi fuerza, eran utilizados como guardaespaldas en las bandas. Yo tomé la decisión de unirme a una banda. Pero no estaba orgulloso de mi elección. Aunque vivía una vida sibarita, lujosa, estaba triste y sin alegría. Sin verdadera felicidad, corrí de placer en placer. Yo era el vencedor de todos los combates, pero mi corazón estaba vacío. Tenía un gusto de ceniza en mi boca.

Finalmente, porque yo me pegué con algunos soldados americanos, fui detenido y llevado a prisión durante seis meses por orden del Estado Mayor General de las fuerzas de ocupación. Detrás de mi acto violento, estaba el resentimiento viviente de la derrota de Japón. Quería demostrar, al menos, que yo no me había rendido a los americanos. Pero era, sin embargo, culpable. Yo era un criminal. La idea era insoportable, aunque hubiese sentido algo parecido anteriormente.

Cuando estaba en el ejército como personal de tierra en un aeropuerto cercano a Tokio, pegué a un superior y  estuve detenido en el cuerpo de guardia. Debía admitir que yo era un hacedor de disturbios, siempre me metía en un apuro u otro. Pero en el caso del oficial superior, tenía justificación. Él dijo algo que no debía decir; y, aunque una corte militar me había condenado, los otros oficiales y mis compañeros soldados estaban de mi lado.

Yo sólo podía castigarme a mi mismo incriminándome y conociendo mi propia degradación, cuando las tropas de ocupación me enviaron a prisión. Yo me preguntaba qué es lo que iba a pasar, donde habían ido mis ambiciones de juventud de ser una persona eminente que no iba a tener jamás vergüenza. ¿Qué debía hacer? En la prisión americana, me acordé de la humillación que había sentido años atrás cuando mi padre me había atado y encerrado en el cobertizo. En el silencio de la noche, yo podía todavía escuchar sus palabras: “¡Nada bueno saldrá de este muchacho! “

Poco más o menos, en esta época, se me dio un ejemplar de la vida de Miyamoto Musashi por Eiji Yoshikawa. Yo lo había leído y apreciado anteriormente, y siempre había estado tocado por la vida de este gran maestro en la espada. Pero al releerlo en prisión, me tocó más profundamente de lo que jamás anteriormente lo había hecho y me hizo reflexionar sinceramente sobre el trascurso de mi vida hasta ese momento, y sobre lo que yo debería hacer después.

En una escena de este libro, suspendido de un viejo cedro, es amonestado por Tukuan Soho que le dice al joven Hombre que él debería intentar utilizar su fuerza para el bien de las otras personas, así como por el de la Nación entera. Él prosigue diciendo a Musashi que él debería tener vergüenza si, naciendo ser humano, no hubiera vivido jamás como tal y se hubiera comportado como animal salvaje. Por esta razón, según Takuan, Musashi  iba a terminar probablemente de una forma honorable.

En prisión, comprendí totalmente lo que Musashi debió sentir. Yo simpaticé con esa difícil posición y lloré leyendo este pasaje muchas veces. Yo estaba enfermo. Musashi lo había leído cuando él estaba enfermo en el castillo Shirasagi, él tenía 21 años en esa época; yo tenía 25. Muchas veces, expresé mi gratitud por el romancero de Eiji Yoshicawa que, aunque nosotros no nos hubiéramos encontrado todavía, había hecho por mí lo que Takuan había hecho por MiyamotoMusashi. Tras las palabras de Takuan, yo escuchaba a Yoshicawa decirme:             “Utiliza tu fuerza para el bien de los demás“.

Cuando Japón fue vencido, perdí los ideales patrióticos que me habían dirigido. En prisión después de la guerra, llegue a comprender que estos ideales no habían sido una parte fundamental de mi ser. Comprendí que los ideales debían ser tan grandes y elevados como sea posible. Comprendí también que la perseverancia y el progreso paso a paso son las únicas maneras de alcanzar un ideal por el camino elegido.

Mi problema era que yo no había elegido todavía un camino. Las emociones patrióticas que había sentido en una época de crisis Nacional, habían sido sinceras. Pero ahora una carrera militar no era posible, y no tenía decidido el camino a seguir en mi vida.

A veces, los jóvenes capaces, trabajadores, profundamente sinceros, no triunfan. Siguiendo mi larga experiencia en la dirección de jóvenes en el Kárate, he llegado a comprender que la falta de un camino claramente elegido en la vida, es frecuentemente la causa de tal falta de éxito. Si una persona elige dos o tres caminos, aunque pueda hacer considerables progresos en todos, a menos que ella no limite sus esfuerzos a uno solo, probablemente perderá todo el interés y pasará sin cesar de uno a otro. Tales personas se vuelven versátiles y no tienen éxito en adquirir profundidad. Lo importante, es elegir el camino. La amplitud es importante en la vida humana, pero un cumplimiento profundo sobre un único camino limitado, es también vital.

Solo en un prisión americana donde podía apenas comunicarme con las personas que me rodeaban,  vi un rayo de luz. Mientras que miraba por la ventana enrejada,  juré que, en el momento en el que fuera de nuevo libre, iba a consagrarme de todo corazón a un camino: el Kárate.

El Japón, perdió tal vez la guerra, pero, el Espíritu Japonés, el Espíritu de las Artes Marciales, era libre. Yo me sentía en deuda con las personas que habían muerto en batalla para preservar este Espíritu.

Aunque estaba enamorado en esta época, al minuto de mi liberación, me fui directamente a las montañas alejadas, donde comencé un año y medio de entrenamiento en el Kárate más extenuante. Y es en esta época, en la que comencé a seguir el camino del Kárate, paso a paso, pero con seguridad.

En las películas y programas de televisión, los héroes guerreros estan siempre mostrando en momentos decisivos, sobrepasando a sus enemigos más fuertes. Pero estos combates son solamente el resultado de una larga serie de entrenamientos monótonos poco espectaculares. El entrenamiento es algo altruista que toma numerosas horas cada día. Se sumerge uno tan profundamente que el tiempo parece volar. Una sesión de entrenamiento matinal apenas comienza y de repente llega la noche.

Para entrenarse de esta manera, una persona debe renunciar a sus placeres habituales y al recreo. Se debe tener un fuerte sentido de abnegación y una conciencia de ideal que te vuelve capaz de luchar contra las tentaciones seductoras. En la introducción de la biografía de MiyamotoMusashi, Eiji Yoshicawa dice que el ser humano Miyamoto, estaba constantemente en guerra con los sufrimientos instintivos. El universo en el cual nosotros vivimos, es el de sufrimientos ilimitados, decretados por el destino. La verdadera forma del alma de Miyamoto era como una espada frágil y sola. La sabiduría que le había sacado del combate era, el camino de Bouddha. Por “sufrimientos instintivos “, Yoshicawa entiende esos deseos carnales a los cuales todos los individuos están sujetos por naturaleza. Cualquiera que sea el grado de devoción, las seducciones instintivas son muy poderosas. Cuando se está en una región lejana, el corazón languidece por falta de compañía. Sentir la falta de una persona con quien hablar, es una de las experiencias más dolorosas que un ser humano puede conocer. Pero el entrenamiento en la lucha contra tales tentaciones, produce inevitablemente unos resultados importantes.

Yo no aconsejo a los jóvenes alejarse a regiones lejanas para dedicarse exclusivamente al entrenamiento en el Kárate. Esto condena el cuerpo e incita al que se entrena a renunciar enteramente. El Hombre es sociable. Yo no comprendo el sentido  del hecho de vivir aislado en un Mundo de uno mismo. Sin embargo, si una serie de entrenamientos aislados son llevados a bien, esto da a la persona que se entrena la seguridad de haber pasado y sobrepasado las pruebas. El entrenamiento puede proseguirse en las montañas, pero también en el corazón de la ciudad. Una persona cuyo Espíritu es inflamado por el deseo de aprender todo con respecto al camino que él ha elegido, consagrará cada minuto disponible, cada día, al entrenamiento.

Pero, a veces, una devoción así, da a las personas extrañas reputaciones. Se creía raro a Newton y extravagante  porque, absorbido por sus estudios, olvidaba comer o dormir, ponía su reloj en el tarro de medicamentos e intentaba comer un huevo que él pensaba haber cocinado cuando, de hecho, lo había tenido solamente en la mano. El sabio Japonés Hideyo Noguchi, pasaba día y noche en su laboratorio y guardaba algunos ratones en su bolsillo, con los cuales hablaba a menudo. Él era, como los otros grandes inventores y descubridores, considerado como loco. A mí también se me consideró raro cuando bajé de mi retiro de entrenamiento en las montañas. Los niños me señalaban con el dedo y me llamaban loco. Muchos de mis amigos me abandonaron. Ellos decían: “¿Qué es esa idea de quedarse allí arriba a entrenarse día y noche? Yo lo podría comprender si él hubiera abierto un Dojo y hubiese tomado algunos alumnos. Pero, ¿cuál es su objetivo para actuar así?, Él no gana un céntimo!

El famoso sacerdote Zen Dogen (1200 – 1253), preconizaba la convicción en la meditación. Para mí, el convencimiento es la idea maestra para el entrenamiento activo. Sin descanso, yo me movía cada minuto del día y yo estaba generalmente en un estado de éxtasis activo. La gente pensaba que yo estaba loco. A veces, me entrenaba locamente todo el día, viviendo del dinero que mi amiga ganaba trabajando en la casa. Después podía desaparecer durante dos años sin enviarle una tarjeta postal.

Yo redacté doce lemas, de los cuales, no hablé a mis alumnos de esa época. He aquí, el segundo de la serie: “Estudiar las Artes Marciales es como subir un peñasco escarpado; continuar yendo hacia adelante sin descanso. El reposo no está permitido porque él os hace retroceder hacia antiguas etapas de conocimiento. Perseverar a lo largo del día, mejora las técnicas, pero descansar incluso un solo día, provoca defectos. Esto se debe impedir”.

Se debe intentar aumentar los límites cada día. Cada día, hacer un esfuerzo más que ayer. Guardad unos apuntes. Y si un límite parece inalcanzable, intentad sobrepasarlo con todas vuestras fuerzas. Éste es el significado del entrenamiento. Y cuando paséis ese límite, una fuerza fresca - tanto mental como psíquica - se acumulará en vosotros. Vosotros os veréis personas nuevas y diferentes.

Recordad siempre que el dolor de sobrepasar un límite da una nueva fuerza. El entrenamiento significa guardar esto en la memoria durante los esfuerzos diarios, durante millares y decenas de millares de días. El entrenamiento dirigido de una manera continua y hacia el mismo objetivo, sin provocación, no es nada más que la gimnasia Sueca. Aprender el significado final del camino Marcial, no pasa por lo tranquilo de una explicación verbal. Lo importante es ir siempre adelante, poco a poco.

Una persona que actúa de esta manera, encontrará de repente un día que es más fuerte, más potente y más hábil en todas las técnicas de lo que él creía ser. El adversario que tenía siempre el aire grande y fuerte, parece ahora pequeño y débil. Pero el Hombre que trabaja cinco veces o diez veces más que la persona media, será excepcional en dos años.

Pero, estar satisfecho de uno mismo, incluso con progresos eminentes, indica objetivos poco elevados. Los buenos resultados son solamente una cima. Detrás de cada victoria, hay nuevas cimas que conseguir. El objetivo último es un estado Espiritual. La fama y las victorias contra los adversarios hábiles son solamente límites a lo largo del camino.