El camino Kyokushin - Capítulo 3

EL CORAJE

Se me pregunta a menudo dónde se puede encontrar el coraje necesario para toda batalla y para la vida en general. Las personas piensan sin duda que yo estoy lleno de valor porque, cada vez que he estado en situaciones peligrosas, ha habido un momento en que podía decidir la vida o la muerte. La verdad es que yo he plantado cara a situaciones diferentes con reacciones diferentes. Yo me he considerado un cobarde temido. Yo he obrado a veces con una prudencia sorprendente. A veces he mostrado el coraje del león. Todo el Mundo ha sacado experiencia tanto del miedo como del coraje. Todo depende del estado mental del individuo y de las circunstancias del momento.

Sin embargo, el coraje es esencial. A nadie le gusta tener miedo; yo estoy seguro que las Mujeres, tanto como los Hombres, prefieren ser siempre valientes. El camino más rápido para alcanzar el coraje es seguir el camino elegido y aceptar dar la vida por la justicia. Una persona que sigue el camino, que une este camino con el de los otros y que no se interesa ni por la fama ni por la fortuna no tiene nada que temer. Yo ya he citado la frase que dicen que, el que es puro, es un dios de la energía. Esto significa que una persona no debe tener miedo a nada si su Espíritu es claro, si no tiene motivo para tener vergüenza y no tiene dudas a causa del camino que él ha decidido seguir. Una persona así que ha puesto ya su vida al servicio de los demás, está preparada, en consecuencia, para plantar cara a todo peligro con una sangre fría total.

Sócrates ilustra mi punto de vista. Él ha sido el primero en ser citado por su valentía cuando su Armada y la Armada enemiga se situaron bastante cerca una de la otra para que los soldados pudieran verse. Sócrates deambula hacia las líneas enemigas, examina sin prisa la situación, regresa, y vuelve sin miedo. Patriota, más tarde rehúsa intentar evadirse de la prisión porque el era contrario a las leyes Atenienses. Finalmente, con un gran coraje, él bebió el veneno de su condenación. Hombre que tenía un profundo Espíritu de justicia, convencido de la justicia de su propia filosofía, Sócrates no conocía el miedo. Unas convicciones semejantes y la abnegación a la justicia pueden ayudarnos a todos a hacer frente con valor a los resultados pequeños y grandes  en el camino de la vida diaria.

Miyamoto Musashi dijo que él no sentía lo que había hecho. Si vosotros tenéis confianza en vuestras propias palabras, aspiraciones, pensamientos y actos y hacéis todo lo posible, no tendréis necesidad de lamentar el resultado de lo que hagáis. El miedo y los escalofríos son el premio de las personas que, reduciendo el esfuerzo a la porción necesaria, espera que todo se arregle precisamente como ellos quieren.

Yo recuerdo una época en la cual estaba asustado por el resultado de una competición en la que debía participar en los Estados Unidos. Mis adversarios eran famosos boxeadores de los pesos pesados, cuyos puñetazos podían ser mortales y podían usar su inmensa fuerza para hacerme caer de cabeza y romperme el cuello. Todo es cuestión de negocios en los Estados Unidos. Cinco mil dólares estaban en juego por el combate, y los boxeadores estaban muy impacientes de afirmar su popularidad volviendo a poner a este pequeño Karateka en su sitio, dándose cuenta que yo podía perder mi vida. Aunque mis intenciones no estuvieron exentas del deseo de dinero y del deseo de esparcir la fama del Kárate, estaba inspirado fuertemente por el orgullo y la pasión por las Artes Marciales Orientales. Yo estaba seguro de la fuerza de Kárate y tenía confianza en mi propia destreza técnica. Yo trabajaba en esta época con un entrenador profesional y sentía que debía ganar por el. Incidentalmente, al principio, había hecho equipo de lucha con el gran Togo; pero, negándome a jugar sucio, y a perder deliberadamente el combate, yo paré y comencé a hacer publicidad para luchar solamente en exhibiciones de Kárate. Esto era muy poco habitual en mi época. El gran Togo me había invitado, así como Kokichi Endo, a los Estados Unidos como representante del Kárate y del Judo Japonés. Aunque se orientaba  hacia el comercio – un atributo al que yo no ayudé – el gran Togo, era un verdadero patriota Japonés, y, respetando mis ideales, me trató muy bien. Con la actitud critica que tenía hacia él, yo no hubiera tenido lástima de mí, si me hubiera dejado morir de hambre.

Yo debería ganar este combate con los boxeadores profesionales, pero muchas cosas trastornaban mi entrenamiento habitualmente entusiasta. Primero, yo estaba en un País extranjero y estaba obligado a prestar atención a algunas cosas que me parecían extrañas. Segundo, yo plantaría cara a Hombres inmensos, de fuerza colosal. Desde el día anterior hasta el inicio de combate, vacilé entre el acceso del miedo y oraciones fervorosas, yo incluso desarrollé una anemia. Mi estado no era mejorado por la complicación sentimental con una bella Mujer. Este género de cosas puede aportar dulzura y vitalidad a la vida; pero, en la época, cuando una pureza total del Espíritu y una consagración a mi labor eran extremadamente importantes, esto era enloquecedor. Yo debía hacer frente a lo que podía ser un peligro para mi vida, y yo tenía tiempo para los romances.

En un momento u otro, todos los Hombres se encuentran con el miedo de la muerte. Es espantoso sentir que la muerte es el fin de su Mundo consciente. Las Religiones y las Filosofías de todas clases, han sido desarrolladas para ayudar al Hombre a vencer su miedo. Ciertas Religiones insisten en el hecho de que se ha de vivir de una determinada manera para merecer un estado bendito en el Mundo que vendrá. Ciertas Filosofías, como la Zen, dicen que nosotros debemos intentar alcanzar, en este Mundo, una conciencia trascendente tanto en la vida como en la muerte. Las dos aproximaciones pueden tener un sentido para las personas  que las siguen con asiduidad. Según mi opinión, sin embargo, el mejor camino y el más importante para plantar cara a la vida y a la muerte, es tener el sentido de una misión, regocijarse con esta misión y vivir cada día para realizarla con convicción sobre una escala Social lo mas amplia posible. Los seres humanos son Sociales de nacimiento. Pocas personas pueden vivir una vida ideal en un retiro total del Mundo. En la vida, lo más importante es vivirla sobre la base del sentido personal de la justicia y el deseo de ver a la justicia triunfar por todas partes.

 Para mí, la absorción tranquila que los sacerdotes Zen encuentran en la meditación sentada, es reemplazada por la absorción total en la cual yo realizo esta experiencia con el entrenamiento extenuante en el Kárate. Bañado de sudor, consagrado enteramente a lo que hago, yo supero en las sesiones de entrenamiento tanto la vida como la muerte. De esta manera, puedo superar la cobardía. Antes del combate, yo trabajé y trabajé hasta que el Espíritu y el cuerpo se volvieron flexibles y elásticos. Pues, cuando el combate comenzó, los gritos y los clamores de la multitud no fueron más que débilmente percibidos. Yo no pensaba en nada, ni en la derrota ni en la victoria; pero era capaz de evitar los ataques de mis adversarios y de convertirme en atacante yo mismo.

 El coraje es el hecho de estar totalmente absorbido. Una persona capaz de hacer esto, puede manifestar totalmente su fuerza; y, para un Hombre que vive siguiendo el camino que él ha elegido, esto es suficiente. La multitud irresponsable puede criticar sin pensar los resultados accesorios como la victoria o la derrota. Pero el luchador que cree en la justicia de sus actos, es indiferente tanto al elogio como  a la censura. Y todos los Hombres deben entrenarse con la idea de que ellos pueden ignorar las críticas vanas de los espectadores que no tienen idea de la dificultad de seguir el camino con consagración y concentración.

Tanto como es posible ser indiferente a las opiniones de los ignorantes, es también posible ser indiferente a la vida y a la muerte, a la riqueza y a la pobreza. Yo estoy apasionado por el pasaje de Lie – Tseu, un escritor Neo-Taoista clásico de la China del Siglo tercero de la era Cristiana, que dice: “La vida tiene aire de la muerte, la riqueza tiene aire de la pobreza, el ser humano tiene aire de un cerdo, y el yo tiene el aire del ser humano”.

La persona que puede decir esto, ha alcanzado la cima; ha alcanzado el verdadero coraje. El Hombre valiente está dispuesto a morir por la tarde si ha comprendido la verdad del camino por la mañana. Esto no quiere decir que él busque la muerte; sino que cuando la muerte llega, él puede plantarle cara con sangre fría.

Enseñando el Kárate, he encontrado toda clase de alumnos con toda clase de personalidades. Unos tenían el tejido de buenos Karatekas. Otros eran perezosos. Alrededor del cuarto periodo de seis meses a un año, es difícil conocer el punto hacia el cual las personas se van a dirigir. Algunos tienen buena coordinación y hacen progresos rápidos. Al principio, ellos, se duermen en los laureles, después se vuelven perezosos y finalmente son superados por personas que inicialmente eran mucho menos prometedoras.

Otros alumnos, aunque prometedores, no van a llegar lejos porque son tímidos para participar con prontitud en los combates. Ellos son bastante fuertes pero evitan la confrontación con los adversarios poderosos y no toman parte en competiciones por el titulo. Si ellos tienen rivales, los evitan. Ellos se asocian solamente con otros estudiantes más antiguos que lo quieran y lo protejan. Alrededor de ellos, se desarrolla una especie de Dojo en el Dojo.

Esto puede ser una forma de vivir, pero yo no puedo aceptarla. Si una persona pierde algunas veces, ella no debe de preocuparse. Soportar las heridas menores es solamente una manera de volverse más fuertes. Y, cuando una persona pierde, ella debe encontrar el porqué y entrenarse con todo su Espíritu para corregir los defectos que le causan la derrota. Tal vez el Hombre que vacila - que no tomará parte en una competición cuando se le ha pedido, que no hará el viaje solicitado a los Estados Unidos - atraerá algunos amigos por su modestia. Pero, en algunos años, el será dejado atrás, por los alumnos más asiduos que ponen sus máximos esfuerzos para volverse fuertes y más hábiles y que, en consecuencia, avanzan por la escala de los niveles del Kárate. Tanto como los otros avanzan con persistencia, el Hombre modesto, en vez de escalar, pena en su pequeño Mundo personal. Para ciertas personas, un trabajo de oficina, la pequeña casa en las afueras, la familia y un poco de felicidad, es suficiente. Pero yo creo que un Hombre debe buscar más batallas ardientes y debe intentar conseguir sus visiones y aspiraciones más allá de su Mundo suficiente y conservador.

Cada uno de nosotros tiene sus cobardías. Cada uno de nosotros tiene miedo a perder, miedo a morir. Pero vacilar es la manera de quedarse un cobarde en la vida. La manera de encontrar el coraje es buscarlo en el campo de batalla. Y el camino certero para la victoria es la aceptación de  arriesgar su vida.

Esta aceptación es más importante que la destreza y la fuerza, porque ella crea en el Espíritu un estado de urgencia que genera fuerzas asombrosas. Todas las personas han escuchado historias sobre la forma en la cual, unos niños normalmente débiles, han realizado hazañas prodigiosas de fuerza durante una catástrofe. Esto llega porque el estado de urgencia y el riesgo por vida generan un alcance inmenso.

Todo esto está ligado a la conciencia que transciende vida y muerte enseñado por el Budismo Zen y que se refleja en innumerables episodios de la vida de los grandes jefes y héroes Orientales. A riesgo de repetirme, sin embargo, debo decir que el camino hacia el verdadero coraje no es el aislamiento del sacerdote sino la consagración a la causa del bienestar de los demás.

La participación repetida en combate lleva a una clase de entrenamientos religiosos. La persona que pone a riesgo su vida, plantará cara a todas las dificultades que ella encontrará. Ella desafiará la muerte y, con cada nueva victoria, la desafiará más. Ya que ella piensa siempre en la justicia y en el bien de los demás, se vuelve una persona no solamente valiente, sino también humanista. Ella no tiene miedo a la muerte;  sabe que, como Shakespeare le ha hecho decir a Julio Cesar, “El cobarde sufre mil muertes, pero el valiente no prueba la muerte más que una sola vez “.

Éste es el significado del estilo Kyokushin del entrenamiento Kumite, en el cual se fomenta mucho el contacto cercano. Las personas que están entrenadas en otros tipos de Kárate - y a veces las personas que entrenan Kyokushin en otros Países - declaran que ellos tienen miedo a las patadas y a los golpes del Kumite Kyokushin. Desde luego, las patadas y golpes son espantosos; pero el adversario, también está asustado. Esto es porque la persona que continúa moviéndose cerca del adversario, utiliza el miedo del otro y no tiene ningún motivo, para tener miedo él mismo. Como se dice en el poema de sacerdote Zen Takuan: “estar tras la hoja cuando las espadas se cruzan, es el infierno, pero si tú das un paso a delante, tú llegaras al cielo“. Por esta razón, nosotros decimos: “Dar un paso adelante, después otro, después otro“. Los alumnos de Kumite Kyokushin sobrepasan poco a poco el miedo y desarrollan el coraje. El Kumite Kyokushin, es un Kumite valeroso.