El camino Kyokushin - Capítulo 7

EL KARATE Y EL ZEN

El Mundo entero reconoce ahora al Kárate como el más potente de todas las Artes Marciales. Yo he probado muchas veces que esto es verdad, en los combates victoriosos con los principales representantes de otras escuelas de combate de muchos Países. Se puede ver una prueba mas en el hecho de que yo pude romper los cuernos de un toro furioso con mis manos desnudas. Para cumplir esta hazaña, debo estar en una condición extrema en términos de velocidad, vigor y fuerza sicológica. Otras personas que han visto lo que podía hacer y que han observado la innegable fuerza de muchos de los instructores de Kárate, entrenados en Japón y enviados al extranjero, han sido atraídos hacia este ArteMarcial asombroso; una fama Mundial del Kárate fue el resultado. 

La fuerza del Kárate no puede ser negada; todos los cuerpos pasan a ser un arma capaz de cosas que parecen imposibles a los no iniciados. Pero la fuerza no es todo en el Kárate. La potencia no es más que una parte – la punta del iceberg - de la profundidad ilimitada y de la elevación del Kárate.

Los Americanos y otros Occidentales me preguntan frecuentemente qué es el Zen. Yo respondo siempre: “El Zen es el Kárate; el Kárate es el verdadero Zen “. Cuando tales investigadores se quejan que el Zen es difícil y comprensible solamente para los pueblos Orientales, yo respondo diciendo que, lejos de ser difícil, el Zen puede ser practicado fácilmente, en todas partes, por todos. Cuando se me pregunta como, yo digo: “En este mismo momento, abordad cualquiera de las técnicas del Kárate con un Espíritu e intenciones sinceras y con total unificación mental. Si haces esto, el adversario dejara de existir para ti, y no habrá mas distinción entre enemigo y aliado y ganar o perder no tendrá más importancia. Tú habrás conseguido entrar en un estado Zen “. Además, mientras el Espíritu esté claro y vosotros estéis en un estado de unificación psicológica e identificación con lo que hacéis, vosotros podéis alcanzar incluso el mismo estado Zen cuando coméis, cuando habláis con los amigos, cuando trabajáis, cuando escribís o cuando os comprometéis en prácticamente no importa qué tipo de actividad. Esto es lo que significa el sentido del Zen y el Espíritu del Kárate.

Algunas Filosofías y algunos sacerdotes han cometido un gran error poniendo delante la idea de que el Zen es una enseñanza oscura, difícil e inaccesible a todos, salvo a los sabios. El Zen existe alrededor de nosotros y en nosotros. Su verdadera grandeza es su accesibilidad. El Zen es la completa unificación de cuerpo, de las intenciones y del Espíritu. Esta unificación es el único camino hacia la perfección humana y hacia la armonía con el universo. Esto es el Zen.

Un episodio de la vida del gran maestro en la espada JaponésYamaoka Tesshu, que vivió en la primera mitad del siglo XIX, ilustra mis palabras. Tesshu, era famoso tanto por su destreza con la espada como por su conocimiento del Zen. Un día, un funcionario gubernamental de alto rango le llamó para aprender Zen. El había leído mucho sobre el tema, pero deseaba escuchar algunas enseñanzas de la boca del gran maestro. Tesshu, intentó convencerle de ir a otra parte, pero el funcionario insistió. Finalmente, Tesshu aceptó.

Conduciendo al funcionario a un Dojo, Tesshu, le dijo de tomar una espada de entrenamiento de bambú. Tesshu empuñó él mismo un arma similar y tomó silenciosamente posición. Aunque perfectamente tranquilo, Tesshu parecía lograr un Espíritu poderoso. El funcionario era conocido por su habilidad en la esgrima; pero bruscamente, después de un fuerte grito acompañado por el resplandor de la espada de bambú de Tesshu, él se encontró lanzado a través de la habitación y por tierra. Cuando el funcionario consiguió levantarse, Tesshu le acompañó al salón y le dijo: “¿Qué piensas tú de mi Zen? Tú has visto cuánto he estado totalmente absorbido por mi espada. Tú has leído mucho, pero el Zen no es algo que se pueda aprender en los libros “.

Más tarde, Tesshu predijo exactamente la hora de su propia muerte. Cuando la hora se estaba aproximando, él tomó la posición utilizada para la meditación Zen sentada y, hablando y riendo con sus amigos y conocidos, murió apaciblemente.

El estado Zen de absorción no está limitado a las Artes Marciales, sino que puede extenderse a todos los ámbitos del esfuerzo humano, incluido al Arte. Una vez, hace mucho tiempo, en el Reino Chino de Su vivía un pintor que era tan famoso y tan hábil, que cada niño pequeño sabía quién era él. Un día, el Rey, llamo a uno de sus vasallos y le dijo: “llama al pintor a Palacio. Quiero ver que clase de trabajo puede hacer un Hombre tan famosos “. El vasallo hizo como se le había ordenado. Y, cuando el pintor apareció delante del Rey, que le ordenó pintar algo, él pidió un lugar tranquilo para trabajar. El Rey le dio una habitación aislada, y el pintor comenzó a manosear su pincel.

En esta época, la pintura China, estaba limitada a algunas categorías, tales como el paisaje, que requerían una gran habilidad pero no mucho tiempo. El pintor se quedó en la habitación una semana, después dos semanas, y finalmente treinta días, sin producir nada.

El rey, curioso, volvió a la habitación del pintor y, quedándose delante de él, le dijo: ¿Por qué te toma tanto tiempo? El pintor no se volvió, ni respondió. Su silencio, irritó al ayudante del rey, que quiso hacer azotar al artista insolente. Pero el Rey, que era más indulgente y generoso dijo: “Esperemos a ver lo qué pinta. El castigo, si es necesario, puede infligirse más tarde igual que ahora“.

Cuando pasaron 10 días, el pintor dijo al vasallo: “He aquí mi pintura, muéstrala a su majestad “. La pintura no era un paisaje, sino la representación de un tigre. Cuando el Rey la vio, se asombró por su potencia y veracidad. “Ésta es la pintura más perfecta que yo he visto jamás. “Exclamo el Rey“: El tigre está vivo. Pero dime, cuándo te hablé antes, ¿por qué te quedaste callado? ¿Algo te desagradaba?

El pintor replicó: “No, majestad, vera usted, cuando yo pinto algo, me convierto en la cosa que yo estoy intentando pintar. En ese momento, yo era el tigre que usted ve sobre el cuadro; y los tigres no comprenden ni hablan el lenguaje humano“. El rey comprendió y se volvió amigo suyo para toda la vida y alumno del pintor. Esta anécdota revela los poderes místicos que una persona que está mentalmente unificada en el estado Zen de absorción puede alcanzar. Otros ejemplos pueden ser tomados de otra parte.

El pintor Japonés Nagasawa Rosetsu (1755 – 1799) alumno de Matuyama Okyo (1733 – 1745), se identificaba completamente con el objeto que él pintaba. Un día, un amigo vino a hacerle una visita. Del exterior, él vio sobre el fino papel blanco de la mampara de la ventana la sombra de un águila. Cuando hizo deslizar la mampara, vio a Rosetsu en la habitación trabajando. Lo interesante, es que Rosetsu pintaba en ese momento un águila.

Un pintor Chino llamado Yü Kio era conocido por tomar una forma parecida a la de un flexible y elegante bambú cuando él pintaba esta planta. Él celebre calígrafo Japonés Nakabayashi Gochiku (1827 – 1913) estuvo durante mucho tiempo descontento de su toque. El se sumergía en sus esfuerzos, pero aparentemente no de buena manera, ya que todos los caracteres que trazaba se le juntaban. Más tarde, aprendió que debía concentrarse e identificarse con ellos. Cuando comprendió esto, todos sus caracteres llegaron a producir disposiciones del Espíritu conformes con su significado. Su versión del carácter para la primavera evoca el calor, la elegancia y la dulzura de esta estación; su carácter para la palabra Dios inspira una profunda reverencia al que lo observa.

Nosotros, las personas entrenadas a concentrarnos y unificar nuestro Espíritu, repentinas circunstancias críticas nos hacen aparecer poderes asombrosos. Una vez, hace mucho tiempo, en China, había un famoso arquero que se entrenaba todos los días para perfeccionar su técnica. Una tarde de otoño, en Luna creciente, fue a la montaña para entrenarse en el tiro con arco. Bruscamente, en las sombras de un peñasco escarpado algo se movió. Un tigre. Con unos colmillos centelleantes bajo el resplandor de la Luna y el lomo arqueado, la bestia parecía estar lista para atacar. Incluso alguien aguerrido puede ser sorprendido por lo inesperado de este encuentro. Este Hombre, brusca y, automáticamente, concentró todo su ser en la flecha que fijó sobre la cuerda de su arco. Él tiró, y la flecha alcanzó al tigre en la cabeza. Sin pararse para examinar el cuerpo, el Hombre se volvió y descendió de la montaña.

Pero al día siguiente, decidió volver sobre la escena de su aventura para ver que clase de tigre había matado. Tan atentamente como él busco, no encontró ninguna bestia muerta. Finalmente, se volvió para irse y vio que su flecha había penetrado en una gran piedra. Su concentración había sido tan intensa que había sido dotado del poder asombroso de clavar una flecha en la roca. Esta anécdota es la base de un proverbio que dice que un pensamiento concentrado puede atravesar una piedra. Este proverbio ha sido muy popular de una punta a otra de Oriente durante muchos siglos.

Una vida de concentración y de unificación mental produce unos efectos que, incluso la propia persona implicada, no puede comprender en un primer momento. Yo me acuerdo que, una vez, uno de mis alumnos dio una paliza a unos bribones porque ellos molestaban a un Hombre viejo que tenía un tenderete de tallarines. Aunque yo participe en muchas competiciones de diferentes clases, pues me he consagrado al Kárate para toda la vida, no he aprobado jamás las peleas en la calle y he prohibido a mis alumnos tomar parte en tales escaramuzas. En castigo por su desobediencia, yo prohibí temporalmente a este joven Hombre venir al Dojo. Pero las cosas no acaban aquí. Los golfos y su banda presuponían que yo le protegía. Un día, cuando yo iba por la calle, cinco o seis de ellos aparecieron delante de mí decididos a provocar problemas. Yo, simplemente, me adelanté y les pregunté a ellos qué querían. Alarmados por la simple mirada de mis ojos, uno por uno, los bribones desaparecieron. Comprendí entonces que los largos años de entrenamiento, la lucha a muerte y el altruismo de la consagración al Kárate – las cosas que me han hecho ganar numerosas competiciones en muchos Países – debieron hacer notar en mis ojos un resplandor, que las personas tales como estos golfos, reconocen sobre el terreno y no pueden soportar. Yo supe entonces que esta fuerza interior – este Kárate de la razón y del Espíritu – puede ser aplicado a todos los aspectos de la vida y que esto me permite vivir sin miedo a nada.

Yo había alcanzado un estado Zen por un largo entrenamiento en el Kárate. Yo creo que es posible alcanzar un estado similar a través de una gran concentración por otras disciplinas no Zen. Por ejemplo, yo puedo citar al sacerdote ZenHakuin, cuyas pinturas son más sutiles Rouault o de Picaso, según los críticos contemporáneos.

Pero para realizar tales cosas, es esencial una unificación mental. Una unificación así no pide un templo o un lugar especial para meditar. Ella puede ser alcanzada por todos, en todas partes. Se debe solamente entregar enteramente a la actividad del momento, aunque ésta sea trabajar en la oficina, comer, vender o una cita con su enamorado. La unificación mental total en todas estas circunstancias significa un entrenamiento Zen constante, todo el tiempo y en todas partes: El Laboratorio para los Científicos, la Biblioteca para los Sabios, el Astillero para los Arquitectos, la Escena para los Actores y el Tribunal para los Abogados y para los Jueces.

Uno de los numerosos escritores y poetas que yo conozco ha dicho que el trabajo que es satisfactorio para uno mismo no es jamás el resultado de una intención deliberada, sino que parece venir en gran medida solo, cuando el autor está sumergido en el proceso creativo. Él ha dicho que no consideraba su buen trabajo enteramente suyo, y que el trabajo que él producía únicamente sobre la base de una intención deliberada triunfaba rara vez.

El escrito clásico sobre el tema, el Hagakure, no exagera cuando dice que el camino del guerrero es el camino hacia el descubrimiento de la muerte. Esto quiere decir que los guerreros del pasado eran insensibles al orgullo, la fama y la gloria porque el contacto habitual con la muerte los mantenía constante y totalmente absorbidos en el Mundo de la espada.

Koizumi Ise-no-Kami, fundador de la escuela de esgrima más famosa de Japón, ha comparado el camino de un adepto a la espada con la travesía de un curso de agua sobre un puente hecho de un solo tronco de árbol: Se debe hacer prueba de una concentración constante y total y avanzar regularmente. Si el principio sobre el cual está basada esta comparación fuera aplicado a todas las cosas, la vida humana sería más fecunda, menos confusa y más renovada.