El Camino Kyokushin - Introducción

El Karate ha conquistado el corazón de los jóvenes por todo el Mundo. Estos jóvenes han vuelto sus miradas hacia el Kárate con la esperanza de realizar un sueño compartido por todos - Al menos por todos los Hombres -, ser fuertes. En esta época de guerra nuclear, de lucha por ordenador y de guerras inducidas en las cuales unas pequeñas naciones hacen correr su sangre por causas sostenidas por naciones más grandes, el género humano vuelve su mirada sospechosa ante las operaciones militares de todo tipo. La lucha violenta entre los pueblos en el siglo XX ha estimulado tal sofisticación en el armamento, que otro conflicto global, del orden de los que ya se han producido dos veces, pondría en peligro de destrucción total a toda vida animal y vegetal sobre la tierra. En esta época de superorganización, es muy natural que los jóvenes se vuelvan hacia las Artes Marciales Orientales, racionales, eficaces y místicas, para encontrar una manera de proteger su vida y su morada solamente con sus manos desnudas. Pero además, las personas se vuelven hacia el Kárate para encontrar una manera de protestar, puede que sea, contra la organización excesiva de nuestro tiempo. Hoy en día las grandes organizaciones determinan la suerte de la Humanidad; las grandes Naciones lo dirigen todo. En tales condiciones, no es sorprendente que las gentes se dirijan hacia el sendero del Kárate para restaurar una cierta dignidad del ser humano.

La mayor parte de los diez libros que yo he escrito durante las tres últimas décadas han tratado de las técnicas del Karate y del fortalecimiento del cuerpo. Naturalmente, dado que el entrenamiento mental y Espiritual es esencial para la obtención de la verdadera fuerza, yo abordo estas cuestiones y las de la moralidad. Sin embargo, no puedo dejar de pensar que tal vez los lectores de estos libros técnicos no han comprendido lo que yo les quería decir.

Yo comenzaba mi propio entrenamiento con lo que yo llamo las dieciocho técnicas y con el sistema de Shakuriki, pero descubrí rápidamente que adquirir la fuerza psíquica solo es como intentar esculpir una estatua de Buda sin comprometer su Espíritu en la obra. Durante mis años de consagración total al Karate y al Dojo, a menudo me surgieron algunas dudas y tuve que reflexionar profundamente sobre mí mismo así como sobre la forma  en la cual yo tenía que instruir a los demás. Algunos de estos pensamientos fueron  dirigidos hacia el sufrimiento humano.

¿Cuáles son las grandes causas de sufrimiento en la vida humana? La muerte de los padres, de los hermanos, de las hermanas, de los niños o de otros parientes o amigos, provocan sufrimiento, tanto como la suerte trágica de la Nación. La separación forzosa - como resultado de la muerte u otras causas - de una persona amada de otro sexo es otra causa de un sufrimiento inmenso. Pero una fuente psicológica de sufrimiento que produce tanto dolor como la pena fundamental, instintiva, de la perdida de un ser amado, es la traición entre amigos o entre profesor y alumno.

La historia de la traición de Julio Cesar por su amigo bien amado y presunto sucesor, Bruto, es conocida por todos. Cuando los asesinos volvieron  sus espadas contra el gran dictador - que quería tal vez ser rey - él intentó protegerse hasta que vio que Bruto estaba entre ellos. Sus ultimas y amargas palabras - “¿Tú también, hijo mío? “ - reflejan la profunda tristeza que él debió sentir al ser traicionado por el Hombre que él había amado y protegido.

Yo escribo esto porque no es imposible que una persona parecida a Bruto pudiera encontrarse entre las numerosas personas a las cuales yo he enseñado las técnicas y el Espíritu del Karate. Yo no sé lo que yo haría en un caso parecido. Sin duda debería  preguntarme porqué yo amé, protegí y entrene a esa persona en el sendero del perfeccionamiento del Karate. Es posible que fuera capaz de aplastar a esta persona. Pero yo no haría  probablemente nada a otro que me afligiera. Es vano perseguir a una persona que ha huido, y ¿qué bien puede hacer destruir a otro ser humano?

Pero si el traicionado sufre, el traidor no se encuentra mejor. Bruto y sus cómplices asesinos se suicidaron finalmente, en desgracia. Los traidores pierden generalmente todos sus amigos. Yo conozco muchos casos en que esto fue así. A menudo, la traición está inspirada por el deseo de dinero o fama. Pero las personas que se dan cuenta abandonan habitualmente al traidor, que entonces es probablemente traicionado por sus propios compañeros. La historia Japonesa proporciona ilustraciones de esta triste verdad. El General y jefe militar del siglo XVI, Oda Nobunaga, fue traicionado por su compañero preferido, Akechi Mitsuhide, que fue vencido el mismo por el jefe todavía más famoso Toyotomi Hideyoshi y finalmente, asesinado por un granjero. Naturalmente, el suicidio de Judas Iscariote es otro ejemplo sorprendente. La historia China tiene casos similares. Por ejemplo, Chao Kao, jefe de los eunucos  del primer emperador Chino (siglo tercero antes de Cristo), era un Hombre perverso e intrigante que se asociaba con toda persona que pudiera servir para sus fines. Él llevó a la práctica la muerte del niño heredero al trono, pero fue ejecutado más tarde por orden del Soberano. Él fue obligado a cavar su propia tumba.

La verdad es que nosotros vivimos todos en un cuerpo común unido por ataduras psicológicas mutuas. El castigo, aunque sea puramente mental o impuesto por el entorno social, caerá finalmente sobre una persona que traiciona al grupo con el cual ha elegido vivir. Una de las tareas más difíciles a las cuales un ser humano debe hacer frente es la elección de los compañeros que no le traicionarán. Una tarea igualmente difícil para algunas personas es suprimir todo pensamiento traidor que él pudiera tener contra sus compañeros. El castigo social atrapará a la persona que traicione al grupo. Una vez que el castigo ha sido asignado, es generalmente demasiado tarde para remediar la situación. El carácter de una persona está a menudo determinado por el tipo de compañía que tiene. Esto quiere decir que se debe poner un gran cuidado en la elección de los amigos íntimos.

En el pasado, yo me entrené solo en las montañas. Yo seguí, a menudo, un camino de soledad y fui estigmatizado como herético por miembros de otras escuelas de Karate. Pero con el paso del tiempo, llegué a comprender que los seres humanos deben vivir en estrecho contacto los unos con los otros. Y, una vez que yo comprendí que mi camino en el Karate descansaba sobre los contactos humanos próximos, una gran parte de la confusión que me había atormentado se aclaró.

Yo he tenido la suerte de tener muchos amigos y alumnos. Yo he tenido también algunas relaciones desgraciadas. Pero pasando revista al pasado,  veo que  he aprendido tanto de los malos amigos como de los buenos. La amargura y el sufrimiento han sido pruebas que me han sido enviadas por el cielo para que yo me desarrolle y me fortifique. Ellos a menudo me causaron más dolor que mis contrincantes de Karate.

En este libro, yo ofrezco la filosofía que he adquirido con mi experiencia personal, con la esperanza de que ella ayudará a mis lectores a evitar ciertas cosas desagradables que he conocido, les ayudará a comprender al mismo tiempo las cosas que han dado un significado a mi vida.